res cuadros de Van Gogh
     
     
     
           

                                LA ALONDRA

                                             I
           

          Como querer cerrar todas las puertas.
          Era como querer estar oscuro,
          distanciando las sombras y sus muertas
          voces. Y era querer estar seguro.

          Era echar el seguro al pensamiento
          para ver sólo vuelos verticales
          de la alondra sin pies, viento en el viento,
          sobre la hiriente paz de los trigales.

          Era querer seguir los aletazos
          en el azul canicular del cielo,
          era querer sentir los pincelazos
          del amarillo inmóvil casi en vuelo.

          Era querer estar conmigo a solas,
          desesperadamente estar conmigo;
          yendo y viniendo, estar entre las olas
          de un mar de cielo y de otro mar de trigo.
           

                                            II

                       (LA ALONDRA PERDIDA)
           

          He perdido la alondra. Ya no hay canto.
          El corazón, de pronto, desvalido
          no se siente asistir ni por el llanto
          con que debe llorarse lo perdido.

          Ya se perdió la imagen. Ya las puertas 
          no defienden mi pie de lo inseguro,
          y hasta las sombras con sus voces muertas
          han venido a inquietar el reino oscuro.

          El reino de la paz se ha sublevado:
          se alza en armas el trigo contra el cielo;
          si el trigo hiere al cielo de costado,
          el cielo aplasta al trigo contra el suelo.

          Se ha roto la frontera que imponía
          -entre el cielo y el trigo sorprendidos-
          la alondra que, en el vértice del día,
          se hacía corazón de dos latidos.

          Mas nada se ha perdido en la derrota
          si ha quedado la alondra suplantada,
          si una tristeza secuestrada flota:
          alondra en leve vuelo levantada.

          Y ya no importa estar conmigo a solas
          si de cualquier manera estoy conmigo,
          yendo y viniendo triste entre las olas
          de un mar de cielo y de otro mar de trigo.
           
           
           
           

           
           

                   HOMBRE AFLIGIDO

          Los ojos  apretados por los puños
          para que no se escape ni una lágrima;
          si la mente es moscarda que se aturde,
          el corazón es pozo que se calla.

          Ya todo lo imposible se ha cumplido,
          toda la vida ha sido repasada:
          ha sido corto el día en la alegría,
          la noche del dolor ha sido larga.

          Ahora ya todo está apagado,
          aunque queden ardiendo algunas brasas,
          siente correr el frío por los huesos
          igual que un viento helado en una flauta.

          Igual que en una flauta un viento helado
          ya lo vivido y sin vivir, ya nada,
          produce la más triste melodía
          que unos huesos vacíos entonaran.

          Golpéate los ojos con los puños,
          rómpete los espejos que delatan
          la más voraz desolación, la sola
          desolación de un corazón sin nada.

          Oculta tu tristeza. Porque hay hombres,
          ahítos de alegría, que profanan
          el secreto que aturde al pensamiento
          y el corazón a cántaros desangra.
           
           
           
           

           

              JARDÍN EN PRIMAVERA

          Y sin embargo estaba triste. ¡Cómo...!
          De repente irrumpió la primavera.
          Los colores luchaban para serlo
          pero el gris imponía su tristeza.

          Todo estaba mirado: cada tronco,
          cada rama florida, cada hierba,
          cada brizna de cielo, y más los pinos
          que agudan su plegaria cenicienta.

          Todo estaba sabido avaramente,
          con un furioso amor que centellea,
          que persigue y ataca a dentellada,
          a pincelada de dolor, la presa.

          No se adivina el sol. Tras de la llama
          es la mirada luz, pero está ciega;
          y el alma delirante, casi loca,
          se golpea los ojos con la niebla.

          Poco a poco se irá apagando el mundo
          dentro del corazón. Para que pueda
          avadirse la luz acorralada
          se abrirá el corazón, como una puerta...