...Y,
mientras voy conmigo, voy sintiendo
toda mi vida así como un
aroma
denso y amargo; mientras llevo,
con resignados pies, mi pesadumbre
por medio de la sombra y el silencio
de estos claustros y naves, como
nave
sola en el mar, batida y hecha
astillas
de recuerdos -mis náufragos
que, a trechos,
se pueden ver flotar sobre las
olas-.
Hay un ala volando entre la sombra
o a punto de llegar, como venida
a despertar con aletazos ciegos,
rotos contra columnas y sepulcros,
todo el sabor de historia que han
tenido
nuestros cansados sueños:
la memoria
de todo lo que fue no más
que acaso...
...Porque
acaso he vivido demasiado,
o demasiado solo, y solo he sido
mi escultura yacente, y he vivido
guardando , a solas, mis difuntos
sueños
igual que este Doncel desmadejado
que parece vivir, aunque
está muerto,
y que ahora levanta la mirada
del libro en que leyó su
propia muerte
-cuando el sueño o vivir
se le hizo piedra-
para escuchar atento mis palabras.
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Hace
tiempo que vengo de camino,
pero sólo mis ojos se aventuran
a soñar en la piedra en
que algún día,
tal vez, me tienda con las manos
llenas
de mi propio vivir. Para contarlo
Y ver que no me falta ningún
día...
Cuando
me tienda
sobre la piedra aquella, estoy
seguro
que algún hombre abrirá,
para vivirse,
este libro que yo voy escribiéndome
y que entonces tendré sobre
las manos...
Igual que este doncel ya derramado
que
pareció morir, pero está vivo...
(Al Doncel de Sigüenza)