Hallar
una palabra es encontrarnos
donde nosotros somos verdaderos.
Pero ignoro cual sea mi palabra,
la que me vive o vivo yo por dentro.
A veces,
al volver alguna página,
de un libro distraído en
nuestros dedos,
- indiferentes los cansados ojos
y ausente el corazón sin
pensamiento-,
hallamos
de repente una palabra
como una puerta a punto de misterio,
y el corazón se ahonda y
se perfuma
hasta encontrar el límite
del beso verdadero.
Una
palabra puede ser el camino
que nos desangre en nuestro centro.
Pero ignoro cual sea mi palabra,
la palabra que soy y estoy viviendo.
Y antes de conocerla
puedo morir de corazón sediento.