iempre estamos de vuelta
     
           
           
                                             

           
           
          Siempre estamos de vuelta, y regresamos
          tristes, como si nadie
          nos esperara en el umbral del sueño.

          Es destino del hombre: -caminante
          que viene de una soledad y, a solas,
          camina hacia otra soledad más grande.

          Sólo Dios nos espera. Él sólo puede 
          saciar la sed de un corazón sin nadie. 
           
           
           


 
 
Hijo de esta tierra