"armelo" arriba
     
        
        
           
          Yo no tengo una luz, y voy andando
          detrás de mucha sombra, que me guía,
          mientras llevan mis pies un peso ajeno,
          hacia toda la tarde, monte arriba.

          Se hace opaca la luz del sol, y el aire
          tiene un olor a lluvia presentida,
          ya casi puesta en orden de batalla
          sobre la mansa cumbre que se inclina
          para verter su niebla sobre el valle
          donde el futuro río se desliza.

          Y están brotando ahora, casi a ciegas,
          no sé qué destrozadas melodías
          como tiernos cristales que se rompen
          detrás de mucho ruido: la llovizna
          se tiende monte abajo, entumeciendo
          la carne de los brezos que vacilan.

          Repasa un viento frío el alma toda
          y espolvorea mi ceniza,
          desnudando el rescoldo
          de un antiguo dolor en carne viva.

          Yo no tengo una luz. Y sin embargo,
          ya me llegan las aguas, ya crepitan
          las brasas dolorosas, mientras hierven
          los repechos. La niebla humedecida
          me ha vendado el dolor tan suavemente
          como una gasa que me cauteriza.

          Asciendo alucinado entre la lluvia,
          Las aguas en los párpados gravitan
          haciéndome cegar y ver tan sólo
          cuál se van apagando mis heridas.

          Está lloviendo Dios, está lloviendo
          y humedeciendo las raíces íntimas,
          empujando, despacio, por mis venas
          el alma de las nubes exprimidas
          que va destituyéndome la sangre
          triste y enajenándola en sí misma,
          despejando mil cosas que en el alma
          como un dolor en punta me dolían...

          ¡Qué lenidad las aguas resbaladas 
          sobre la piel del alma! ¡Qué caricia
          su roce al desprenderse y al prenderse
          de nuevo, sin tensión, escurridizas!
          Ya me siento reír a borbotones
          por todas las heridas,
          por este cardenal que golpe a golpe,
          han hecho de mi espíritu los días..
          Ya me siento reír...

                                    Me va invadiendo
          el gozo de encontrarme ya en la cima
          con todas las tristezas apagadas,
          empapado de Dios y de alegría.
           
           
           

             

 
 

 
Mientras amanece Dios