olor ajeno
     
     

     

             

            Ya no acierto a decir lo que me duele
            cuando me duele el alma:
            son mil cosas que no me pertenecen,
            es una ajena historia dislocada.

            Todo el dolor del mundo ha desbocado
            sobre mi ser sus puntiagudas aguas
            -cristales carne adentro, hasta la pulpa-,
            donde el dolor se hace sustancia.

            Los ojos sin remedio franqueados
            van sorbiendo un espanto sin palabras;
            porque suenan dolores no sé a dónde,
            pero en todos los senos de mi alma.

            La tierra es un bordón bajo los cascos
            hinchados que machacan
            alegrías que nunca han existido
            pero que fueron siempre una esperanza...
            ¡La esperanza es de ayer! Hoy solo quedan
            unas manos que exprimen a la nada...

            Me duele un corazón que no es el mío,
            qué no sé de quién es, aunque es de todos:
            acerico sangrante donde clavan
            sus deseos de rabia los enconos
            de todo lo posible que me obliga,
            solo y sin fuerzas, a llevar los ojos
            abiertos para siempre a lo terrible
            que puede verse de un momento a otro.

            Pero empiezo a sentir cauterizadas
            esas heridas que presiento en torno,
            como luces lejanas, en la noche
            de este dolor sin nombre que yo nombro...
            ...porque siento que Dios, como una mano,
            me ha puesto su Ternura sobre el hombro...

              
               


 
 
 

 
Mientras amanece Dios