añana será el mar

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        Mañana llegará nuestro descanso;
        no ceses de latir, corazón mío;
        mañana será el mar, será el remanso
        en que mi afán se tienda como un río.

        Mañana será el pan de nuestra hambre,
        mañana a nuestra luz huirá el ocaso,
        no existirá mañana esta cochambre
        de la tierra, que enloda nuestro paso.

        Hoy sentimos el peso de lo triste,
        corazón, sobre el hombro balbuciente,
        sobre el hombro infantil que se resiste
        a llevarle a la vida la corriente.

        Hoy nos muerden las víboras, nos ciegan
        tenebrosos murciélagos, nos chillan
        mal agüero los búhos que segregan
        presagios ciertos que en la noche brillan.

        Muchos ojos atónitos nos gritan,
        con órbitas de pánico, en las venas;
        mil manos erizadas nos crepitan
        debajo de lo que es conciencia apenas.

        Pero todo es un día; y el descanso
        ya viene del mañana sin desvío:
        Mañana será el mar, será el remanso
        en que mi afán se tienda como un río.
         
         

 

 
 

 
 
Mientras amanece Dios