Lejos,
más lejos. En ninguna parte.
Allí donde el recuerdo sólo muerde
sombras huídas y la luz se pierde
para que nunca más pueda encontrarte.
Allí donde algún dios, por consolarte,
te anestesió la vida con la oscura
mansa consolación de una locura
que ni sabe agredir ni se defiende.
Allí donde vivir sin luz te hiende
como una llaga lenta que supura...
Como una lenta llaga que supura,
fluye sin derivar y permanece
esa melancolía que te mece
como se briza un sueño sin ventura.
No dura su consolación, no dura,
porque has llegado allí donde el consuelo
ya no puede alcanzarte. Sólo duelo
segrega una existencia despedida.
La vida se ha pagado con la vida.
Y en el aire la ausencia de algún vuelo.
Y en el aire la ausencia de algún vuelo
precipitado y roto por osado:
quiso alcanzar el cielo, y se ha quedado
precipitado y roto cara al cielo.
De todo lo que fue furia y desvelo,
sueño de altura y cósmica osadía,
sólo te queda un sol de llama fría
que te da lucidez y sombra airada,
y un polvo que te ciega la mirada
y hace la noche en ti, aunque es de día.
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