l regreso
     
                 Desterrado de todo y de sí mismo,
              peregrino que avanza entre misterios
              que le ocultan el rostro, rechazado
              de una verdad sin grietas que no guarde
              dentro del corazón algún gusano,
              sin un amor en que pasar la noche
              tranquilo y ya saciados los deseos,
              el hombre quiere anclarse y detenerse,
              congregado en un centro y olvidado
              de la espinosa luz del laberinto.

              Por eso, yo también desamarrado,
              torturador de rutas y horizontes,
              cada vez mas lejano de mí mismo,
              con el nombre borroso por los hombres
              que fui llegando a ser, sin ser ni un día
              el que hubiese querido, voy buscando
              un centro primordial que recupere,
              para darles sentido, las dispersas
              y desgastadas sílabas del nombre
              que me dirá algún día quién he sido.

              Y existe una ciudad que han levantado,
              sobre las viejas piedras circulares,
              los sueños fatigados, los deseos
              que sienten el dolor de haber crecido
              hasta olvidar la luz que perseguían;
              ella sabe mi nombre; y, porque escucho
              la voz con que me llama, convocándome,
              digo "regreso" igual que si ahora mismo
              estuviera inventando la palabra,
              creándola de nuevo, letra a letra,
              con el polvo de todos los caminos,
              y la oigo sonar con el murmullo
              desandado y ansioso que desdice
              todas las despedidas, la respiro
              en ese amargo olor a "no me olvides"
              que tiene la esperanza, la pronuncio
              para dar al olvido las veredas
              y países que sólo han existido
              para hacerme sentir tan extranjero.

              Pero quiero volver como el rocío,
              sin que trompas triunfales alboroten
              la paz azul en que se inscribe y fija,
              con la vertiginosa letra de un vencejo,
              nuestro oscuro destino. Sólo sueño
              que un silencio de aromas sorprendidos
              me permita escuchar mis propios pasos
              por las calles y plazas y jardines
              en que el niño que fui  sale al encuentro
              del hombre que ahora soy, pero sin duelo,
              dichoso de saber que he regresado. 
       
        


 
 
 
Poemas no incluidos en libro