xpósito
        

          a la memoria de un curtidor   
                                       que era mi abuelo.  

       
        Venías del pasado, de una raza
        desgastada y extinta. Solamente
        un impensado azar, como resaca
        de una tormenta secular de olvido,
        te dejó, como expósito, en la orilla.

        Tenías el color, oscuro y yerto,
        de los que sin permiso, sobreviven;
        por eso te seguía y te esfumaba
        una niebla de siglos postergados.
        Olías a corteza sumergida
        de planta y animal desmenuzados:
        una segunda piel que te acercaba
        al origen inmerso de la vida.

        Volvías del silencio hacia el silencio,
        y, agrupado en ti mismo, enmudecías
        para volver, antes de tiempo, al tiempo
        en que todo se ha dicho finalmente.

        Y, al final, regresaste hasta el principio
        donde todo se vive inútilmente,
        perdido entre los propios pensamientos
        que se liberan y te dejan solo:
        expósito, otra vez, ante la muerte.


       
       

 
 
 
 
Poemas no incluidos en libro