frenda lírica a San Juan de la Cruz
     
       

      NADA HASTA EL MONTE Y, EN EL MONTE, NADA
       

      En campo de Castilla, seco, duro
      y abrasado de sed, vino a la vida 
      una llama de amor tan encendida 
      que traspasó de luz lo más oscuro.

      Descolgándose a oscuras por el muro 
      de su prisión, con alma desprendida, 
      emprendió, entre celadas, la subida 
      hasta alcanzar el inmortal seguro.

      Para alumbrarnos en la noche oscura 
      dejó en la senda oculta y empinada 
      un reguero de voces que fulgura
       

      y avisa del peligro y la celada:
      Sólo consigue a Dios quien no procura 
      nada hasta el monte y, en el monte, nada.
       
       
       

      UNA SOLA TRISTEZA: No SER SANTO
       
       

      Ayúdame, fray Juan; alta es la cumbre, 
      estrechos y espinosos los senderos, 
      incesantes y extraños los oteros 
      donde de nada sirve la costumbre.

      Me ha trabado los pies la incertidumbre
      y me acosan avisos agoreros,
      ciegos mis ojos son y pordioseros
      mientras la llama viva no me alumbre.

      Ayúdame a vivir de tal manera
      que ya mi vida sea un mientras tanto
      bajo la noche oscura y a la espera

      de que borre mi vida con mi llanto,
      soportando, al final de mi carrera,
      una sola tristeza: No ser santo.
       
       

      De la revista ENCUENTRO
       
       
       


 
 
 
 
Poemas no incluidos en libro