Esta ausencia de voz, este silencio
que no puede vibrar sin tu palabra,
me corroe las horas y me ahondan
la pena de vivir, como una llaga...
Como llaga que nunca cicatriza
me ha dolido vagar en la distancia
desterrado de ti, como una sombra
que ha perdido su cuerpo. (Cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo
y todos con sus voces más me llagan.)
Si tú no me pronuncias, no estoy vivo,
sostenido en la voz con que me amparas:
solamente tu voz vuelve a encarnarme
revocando mi oficio de fantasma.
Hazme vivir, recuérdame mi nombre,
dile a mi soledad cómo se llama,
porque sólo en tus labios me conozco
y me palpo quién soy en cuerpo y alma.