l eslabón perdido
     
          A veces, de repente, los instantes 
          se intercambian y mezclan para darme 
          una vaga impresión de estar viviendo 
          otros tiempos y espacios abolidos. 
          Hay, entonces, un golpe de añoranza 
          cual si pudiera ser de nuevo todo 
          lo que fue para nunca, pero libre 
          de peso y pesadumbre, solamente 
          sustancia de memoria, recluida 
          en un presente intacto, rescatado 
          en breve eternidad sin variaciones.

          Hay, entonces —secreta—, esa tristeza 
          que es el solo sabor de lo imposible 
          cuando todo fue pérdida, y se sabe; 
          y el corazón declina hacia la noche 
          para quedarse solo, porque todos 
          y todo se han perdido en la distancia, 
          más allá de lo vivo, rescatables 
          solamente evocando sus ausencias; 
          y el tiempo te arrincona sustrayendo 
          presencias y restando los encuentros 
          que ya no son posibles, porque sabes 
          que andáis, la vida y tú,  sendas opuestas.

          Es, de pronto, que todo lo vivido
          —forma inútil de hablar de lo difunto—
          se agolpa en un recuerdo, o mejor dicho, 
          se hace un solo recuerdo sin materia 
          concreta y señalable, propiamente 
          la intensa sensación de haberme sido 
          otro, en otro lugar, con otra vida 
          de la que yo no soy el heredero.

          Una bifurcación —bivio imposible— 
          me dividió el que soy de lo que he sido, 
          y vivo preguntando de qué padres 
          de qué sangre y país es el que ahora 
          no es el mismo que aquel que fuera entonces.

          Y así de desterrado y sin raíces,
          como fuera del mundo, sobrevivo,
          y busco acompasarme con la vida,
          intercambiando tiempos y recuerdos
          para encontrar el eslabón perdido.


 


 
 
 
Poemas para un exilio