utobiografía
     

                  Aspiro a que digáis tan sólo: Un día
              estuvo aquí de paso; su torpeza
              tropezaba en palabras de belleza
              y llamaba tristeza a su alegría.

              Nos revolvió el espíritu; insistía
              que fuéramos de Dios; y con franqueza
              nos dijo una mitad de su tristeza...,
              la otra con los ojos la decía.

              No supo nunca administrar su suerte.
              Se arriesgó con los hombres. nunca pudo
              ser un niño. Y ser hombre no sabía.

              Y ahora que ya está, vivo, en la muerte,
              sabemos que un amor ciego y desnudo
              fue la sola verdad de que vivía.
     
     

 
 
Senda del hombre