erta
     
     
           
          Berta:
          tú no tienes historia.
          Porque naciste al tiempo del pecado
          pero no has sucedido todavía.

          Te encontraste contigo y con las cosas.
          Estaba a punto el juego de la vida.
          (Pero fuera hace otoño y va a ser tarde).
          La pasión de ser hombre ya insumisa
          tiende hacia la esperanza amarillenta
          una mano cansada por vacía.
          Tú a todo das la espalda. ¿Indiferente?
          ¿Absorta o triste, di? ¡Quién lo sabría!
          Y en tus manos inútiles y lacias
          se rompe absurdamente la alegría.

          Ni siquiera preguntas.
          ¿Qué vale una pregunta? Sólo miras.
          Ya ni siquiera miras. Tú contemplas,
          sin pensamiento aún, lo que darías
          tu vida inestrenada
          por comprender. Mas no. Tú no podrías
          soportar. No preguntes.
          Una sola pregunta añadiría
          otra razón de muerte a la existencia.
          Preguntar es saber. Otra agonía.
           
           
           


 
Traigo esa tristeza