Contemplo cada cosa y digo: Dios.
No
porque sea Dios. Pero las cosas
tienen
un corazón donde Tú habitas,
un
corazón de sombra y de silencio:
(Donde
acaba la nada Dios empieza).
Y
las cosas se quedan de rodillas
con
sus manos de espera levantadas
rezando
oscuramente y sin sonido.
Se
dicen simplemente. Su plegaria
consiste
en ser ahí y estar dichosas.
Y
yo no me resigno. No quisiera
ser
silenciosa piedra que no sabe
sino
decirse a solas simplemente.
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