Si
bastara mirar cómo la tarde
se
va muriendo a pesadumbre lenta,
me
pondría a morir sin que los hombres
cayesen
en la cuenta.
Nadie
debe saber que yo he vivido
si
mi vida no ha sido verdadera:
quien
vive presupuesto ha caminado
con
una muerte a cuestas.
Yo
he querido dejar que me soñara
solo
y original el que nos sueña,
dejarle
libre el sueño y no forzarle
la
milagrosa senda.
Pero
nunca he podido. No he sabido.
No
he tenido valor. Dejé que fueran
haciéndome
a medida de una vida
extrañamente
ajena.
En
el mundo que hacía era un extraño;
no
podía encajar. ¿Y quién acierta
si
se tiene perdida la mirada
en
una vida sin esquema?
Sólo
pido decir cuando regrese:
Amé,
Señor ...¿Vas a cerrar? Espera.
Te
aseguro que amé, Señor. Perdona
si
equivoqué la senda.
Haz
que el mundo me olvide. ¿Qué valdría
recordar
una sombra, una quimera?
El
otro que no he sido era tu sueño
Ya
no vale la pena.
Ya
no vale la pena y te lo digo.
No
vale que me vuelvas a dar cuerda.
Pero
admite, Señor, que ya he pagado.
Para
probarlo traigo esta tristeza...