oema del soldado desconocido
     

              Fue a la guerra, Señor. Él era un niño
              para el campo, la luz, la flor, la brisa.
              Conocía el lenguaje de las cosas.
              Y dialogaba a solas con las briznas
              de yerba. Y a toda cosa lo llamaba
              por su nombre, Señor. Cuando salía
              por el campo, pisaba blandamente
              porque la tierra late y se podría
              pisarle el corazón. Pisaba lento
              parándose a sentir cómo subía
              por su cuerpo la música del mundo,
              dejándose envolver por la delicia
              del aroma, creyendo que avanzaba
              dentro del corazón de una sonrisa.

              Era un amor pisar. Pero en la guerra
             perdió su nombre de hombre. Se llamaba
              "le soldat inconu". Tuvo el oficio
              de matar. En sus ojos se veía
              un niño sorprendido y asustado.

              Señor, él nunca se arrogó el derecho
              de vivir. El vivir era un milagro
              que le haría morir si lo pensase.
              Qué milagro pisar. Eso bastaba.
              Pero ahora tenía entre las manos
              hierros clamantes que, al hablar, mataban.
              Y él debía matar y en cada muerte
              era su niño antiguo el que moría.
              Ya pedía perdón de ser un hombre;
              de asustar a los pájaros fugaces
              y de romper el sueño del rocío.
              Con los muertos hablaba: "Perdonadme.
              Sois enemigos, dicen. Quién sabría.
              Perdonad que haya sido yo el primero.
              Cuestión de rapidez. Tuvisteis suerte".

              Sabía el sobresalto de la tierra;
              cómo su corazón estallaría
              si no pisaba suave. Y fue su paso. 
              Poca cosa, Señor: Pisó una mina.
              Él se creyó que, de repente, él mismo
              gozosamente azul se deshacía
              y se hacía de música y de aroma
              dentro del corazón de un sonrisa.

              Eso creía él. Pero nosotros
              sabemos la verdad. Y fue distinta.
     


 
 
 
 
Traigo esa tristeza