fundiendo con su rostro el desamparo del corazón o piedra que golpea - piedra con piedra - un Dios lejano. del día aquel de aquel engaño en que, al tocarte a Ti, sonaban rosas de melodioso, enternecido pétalo.
Ya sólo queda el hueco de tu nombre
Yo te perdono, Dios, esta tristeza.
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