Vivimos desenterrados
al igual que muertos fugaces
que cruzan entre las sombras
ardidos por un instante.
Abrasamos otras almas
que en nosotros brillan y arden,
como un huracán de muertos
que incendiaran todo el aire.
Sóplanos, Tú oh Dios, ahora;
sóplanos para que brames,
como un viento que azotara
bosques de muertos errantes,
desarraigados y ardidos.
Sóplame para que cante
como una flauta labrada
con un hueso alucinante,
desenterrado y ardido,
enamorado y sangrante.
Sóplame como una flauta
que se quemara alabándote.