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Ese
amargo temer sobrevivirse
para ver cómo invade la carcoma
los ya reblandecidos y apagados
retablos de la mente; las lagunas
de desolado olvido dilatándose
y anegando los vastos territorios
en que alzaba sus mapas el lenguaje;
las sílabas perdidas que no saben
regresar al hogar de la palabra;
el corazón rodando hacia el silencio
sonando a campanada con retraso
mientras el viejo hogar, desmantelado
por ráfagas de tiempo, se desploma
con el sordo rumor de los adobes
que vuelven a la tierra.
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